El culto a las sirenas en la Magna Grecia

La simpática figurilla de terracota que encabeza esta entrada representa a todas luces una sonriente sirena de tradición griega, cuya cronología nos lleva a la segunda mitad del siglo VI a. C. (Metropolitan Museum of Art). Se trata casi con total seguridad de una ofrenda votiva, posiblemente realizada en algún santuario de la Magna Grecia. Sin embargo, más allá de sus características formales, ¿qué sabemos del trasfondo de esta particular pieza?

Parece ser que existía un culto a este tipo de criaturas por toda la región, con especial protagonismo en las colonias de Parténope, Neápolis y en gran parte de las colonias costeras de Calabria. Tanto Estrabón (cf. Geografía I, 2, 18 y V, 4, 7) como Licofrón de Calcis (cf. Alejandra, vv. 712-737) hacen referencia a dicho culto, siendo el segundo el que nos habla de una versión del mito de las sirenas homéricas, muy arraigado en estas zonas. Dicha interpretación nos dice que, tras ver que Odiseo no sucumbía ante sus cánticos, las criaturas deciden suicidarse arrojándose al mar, provocando así que sus cuerpos llegasen a tres puntos de la costa del Mar Tirreno, donde se establecerían lugares de culto en su honor.

Fig. 1. Mapa de las colonias griegas suritálicas, elaborado por la Universidad de Cantabria.

Y es que la arqueología parece confirmar esta devoción por las sirenas, ya que son numerosos los exvotos y figurillas encontrados en el sur de Italia, tanto en ajuares funerarios como en santuarios. Es el caso de la Sirena de Canosa, hallada en Canosa di Puglia (Apulia) y fechada en el siglo IV a. C., o el del askos en forma de sirena procedente de Crotona y datado en la primera mitad del siglo V a. C. Por si fuera poco, la ya mencionada colonia de Parténope recibe su nombre de una de las sirenas que se suicidó y cuyo cuerpo, según comentábamos anteriormente, fue a parar a la orilla del lugar en el que se erigiría la colonia homónima. Tal fue el culto hacia esta sirena que se convirtió en la patrona de la ciudad, llegando incluso a ser representada en el anverso de las monedas acuñadas en la colonia vecina, Neápolis. Pero, ¿cómo es posible rendir culto a esta clase de monstruo?

Fig. 2. Askos en forma de sirena. Museo Archeologico Nazionale di Crotone.

Según Taylor (2009: 186) la razón estriba en el suicidio. Las sirenas, como muchas de las criaturas monstruosas de la mitología griega, vivían en territorios fronterizos y aislados, fuera del ámbito humano, en el que no tenían cabida a causa de su naturaleza. El acto del suicidio, que también puede ser visto como un tipo de sacrificio, representaba en la idiosincrasia helénica un proceso de purificación. Las sirenas, al decidir lanzarse al mar, se estaban redimiendo de su condición maligna: la entrega voluntaria a una catarsis. Se trataría de un acto digno, admirable y, en cierta manera, heroico que, en última instancia, generaría un culto entre los habitantes de la región, tal y como la arqueología y las fuentes clásicas parecen constatar.

Referencias

-Taylor, R. (2009). The cult of sirens and greek colonial identity in southern Italy. En Alroth, B. & Scheffer, C. (Eds.) Attitudes towards the past in Antiquity. Creating identities. Proceedings of a Conference held at Stockholm University 15-17 May 2009 (pp. 183-189). Stockholm Studies in Classical Archaeology, 14. Stockholm 2014.

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