La inscripción del Dípylon

La imagen que aparece sobre estas líneas muestra un recipiente cerámico denominado oinochoe, un tipo de jarra empleada en la antigua Grecia para servir vino aguado, tras obtenerlo de una gran crátera. Nuestra pieza protagonista fue hallada en una tumba cercana a la Puerta del Dípylon (Kerameikos, Atenas) en 1871, fechándose hacia el ca. 740 a. C. (periodo Geométrico Tardío I b, según Coldstream) y mostrando un estado de conservación sorprendentemente bueno; tanto es así que nos permite fijarnos en un pequeño detalle que la convierte en un objeto único: la inscripción de su hombro. Se trataría de uno de los testimonios más antiguos de escritura alfabética griega, la denominada “inscripción del Dípylon”.

El escrito consta de 46-47 caracteres, sin espacio entre las palabras y escrito en sentido dextrógiro (de derecha a izquierda, siguiendo las agujas del reloj), precisamente imitando el modo de escritura fenicio. Desgraciadamente, el deterioro presente en el último tramo del texto hace difícil una traducción clara; sin embargo, grosso modo tenemos una idea aproximada de lo que su autor quería decir. A continuación se muestra la inscripción del recipiente seguida de la transcripción y la traducción.

Fig. 1. La inscripción en sentido dextrógiro y con los caracteres al revés (Bruce Powell).

Inscripción: ΗΟΣΝΥΝΟΡΧΕΣΤΟΝΠΑΝΤΟΝΑΤΑΛΟΤΑΤΑΠΑΙΖΕΙΤΟΤΟΔΕΚΛΜΙΝ

Transcripción: hos nun orkhēston pantōn atalṓtata paizei (-ēi),| totoḍekạḷmịṇ[…] (Panagiotis, 2014).

Traducción: : “Quien de todos estos bailarines (ahora) baile con más elegancia, a él (le pertenecerá) este (¿jarrón?, ¿premio?)”.

Sin duda, el recipiente parece haber sido un regalo entregado en algún evento (quizá un simposio) donde se premiaba al mejor bailarín participante, el que hubiera tenido mayor destreza y elegancia en su puesta en escena (cf. Binek, 2017: 425-427). No obstante, aunque poco más se podría decir al respecto, sí podemos hablar del trasfondo histórico que subyace en esta inscripción, que es lo que verdaderamente me interesa explicar.

Fig. 2. El oinochoe visto desde tres ángulos distintos. Museo Arqueológico Nacional de Atenas, fotografía de S. Stournaras (ibid.: 424).

La inscripción del Dípilon es la evidencia indiscutible de que ya, a mediados del siglo VIII a. C., los griegos habían adoptado plenamente el modelo fenicio de escritura alfabética, mucho más sencillo y eficaz que el silabario del Lineal B micénico, abandonado casi quinientos años atrás. La adopción del alfabeto por parte de los griegos del periodo arcaico se produjo en algún momento entre los siglos IX y VIII a. C., probablemente como fruto de los intercambios comerciales entre helenos y levantinos, quizá en el entorno de la colonia mercantil de Al Mina, en la costa del actual Líbano. No obstante existen otras posibilidades a este respecto, como la que presenta la isla de Chipre, que desde el segundo milenio antes de nuestra era y hasta época romana fue un auténtico centro sincrético de culturas. Tampoco podemos descartar Creta, punto de contacto entre griegos y fenicios durante la primera Edad del Hierro. Sin embargo conviene indicar que, probablemente, el proceso por el que se adoptó y adaptó el alfabeto fenicio por parte de los helenos se efectuó de forma independiente en diferentes regiones del mundo griego, recién salido de la Época Oscura. Este hecho daría una explicación al surgimiento de un nutrido número de alfabetos locales, con leves diferencias entre sí, tal y como afirma Espelosín (2001: 90).

Fig. 3. Comparativa entre el alfabeto fenicio y el griego,
por Daniels y Bright (en Waal, 2018: 91).

Parece ser que existe una alta probabilidad de que la primera asimilación de este sistema de escritura hubiera tenido lugar en un entorno eubeo, ya que estos fueron los primeros griegos que entraron en contacto con Chipre y el Levante mediterráneo, a partir del siglo X a. C. No es de extrañar que sea en colonias euboicas donde hallamos las muestras más antiguas de adopción del sistema de escritura fenicio, como la propia Al Mina o Pitecusa (Isquia, Italia), donde se encontró un fragmento cerámico (la llamada ‘Copa de Nestor’), fechado hacia el ca. 720 a. C., que también presentaba una inscripción en griego arcaico.

La incorporación del alfabeto al mundo griego se llevó a cabo por comerciantes que necesitaban adoptar un sistema útil de contabilidad, a fin de ayudar a un comercio cuyo volumen de intercambios crecía a medida que las rutas y los contactos se iban ampliando. Paradójicamente, las inscripciones que nos han llegado no se encuentran vinculadas a un contexto comercial sino que la mayoría aparecen en ofrendas votivas, epitafios, maldiciones o constituyendo la firma de un determinado artista (Espelosín, op. cit.: 91). Empero, hay que tener presente que la escritura también se habría realizado en soportes perecederos que no han llegado hasta nosotros, como cuero o madera, soportes en los que se habrían registrado otros usos que nada tenían que ver con los reflejados en los fragmentos cerámicos que se han conservado. Esta podría ser la explicación a la ausencia de textos relativos a cuestiones comerciales.

Fig. 4. Fragmento cerámico con inscripción (posiblemente la firma del propietario), fechado en el siglo VII a. C. y hallado en el santuario de Poseidón de la antigua colonia de Mende (actual Poseidi), en la península calcídica. Museo Arqueológico de Tesalónica, fotografía de Dan Diffendale.

En todo caso, durante la mayor parte del periodo arcaico griego, la cultura seguiría siendo transmitida a nivel oral, puesto que los textos, mayoritariamente composiciones poéticas (ibid.: 91), serían breves y estarían limitadas a círculos muy selectos. No será hasta el siglo V a. C. cuando la escritura termine por generalizarse completamente, momento en el que asistiremos a una verdadera revolución intelectual, ya fuera en el terreno filosófico, legislativo o científico, donde el alfabeto se convertirá en un elemento que sirva de acicate para el desarrollo cultural ulterior en el mundo griego. Sin duda alguna dichos avances no habrían tenido lugar de la misma manera sin una escritura que sirviera de soporte para la transmisión de lo verdaderamente importante, el conocimiento.

Referencias

-Binek, N. M. (2017). The Dipylon Oinochoe Graffito: Text or Decoration? Hesperia: The Journal of the American School of Classical Studies at Athens, 86 (3), 423-442.

-Coldstream, J. N. (2003). Geometric Greece: 900 – 700. Routledge.

-Gómez Espelosín, F. J. (2001). Historia de la Antigua Grecia. AKAL.

-Panagiotis F. (2014). Dipylon Vase Inscription. En Giannakis G. K. et al. (eds.), Brill Encyclopedia of Ancient Greek Lenguage and Linguistics I (pp. 499-501). Brill.

-Waal W. (2018). On the “Phoenician letters”: the case for an early transmission of the Greek alphabet from an archaeological, epigraphic and linguistic perspective, Aegean Studies I, 83-125.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s